Vivo literalmente rodeada de libros o, dicho de otra manera, toda mi vida ha estado dedicada a los libros.
He trabajado desde siempre en el mundo editorial y desde hace bastantes años  tengo con mi marido una librería de libro viejo y antiguo. Toda mi vida también, por supuesto, he amado la lectura y, si alguna vez soñé con escribir, siempre pensé que sería un libro de poemas. La poesía fue desde el principio el idioma de mi imaginación. Por eso cuando un día, casi por azar, como si fuera un juego, comencé a escribir este, mi primer libro, descubrí con asombro que era lo que tenía que hacer en este preciso momento.
No daba crédito al placer que estaba sintiendo, a la facilidad con que fluía todo y no comprendía cómo había podido transcurrir mi vida antes sin hacer lo que ahora estoy haciendo, sin haber emprendido este fascinante viaje. Pero, como me dice una buena amiga, hay historias que tienen que ser contadas y esta novela se ha impuesto a mí misma. Era el momento adecuado. Y en ello estoy.
La historia avanza hacia su inminente fin, la prosa abunda, y secretamente deseo que algo de mi amor por la poesía la impregne de vez en cuando…